Cuando tu tía Fer me preguntó "¿le dirás algún día que sus papás se divorciaron y se volvieron a casar?", mi respuesta inmediata fue "no, no tiene por qué saberlo". En ese entonces, a penas comenzabas a formarte en mi vientre, desconocía tu sexo, no imaginaba tu cara y mucho menos tu forma de ser. Creía saber exactamente cómo quería y debía educarte.
Mis miedos eran pocos, me consideraba "open mind" y un tanto despreocupada. Sin embargo, desde el momento en que te tuve en mis brazos, todo cambió, se aclararon muchas ideas, comencé a ver las cosas desde otra perspectiva, con otros ojos.
Mis miedos eran pocos, me consideraba "open mind" y un tanto despreocupada. Sin embargo, desde el momento en que te tuve en mis brazos, todo cambió, se aclararon muchas ideas, comencé a ver las cosas desde otra perspectiva, con otros ojos.
Lo que no me importaba e, incluso, con lo que llegué a estar de acuerdo, comenzó a preocuparme; presté más atención al entorno que nos rodea, surgieron algunos focos rojos en mi cabeza y, desde entonces, me prometí cuidarte y protegerte de todo y de todos, pero también entendí que no puedo crear el mundo perfecto que quisiera para ti, no puedo encerrarte en una caja de cristal y esconder lo que sucede afuera.
