Siempre he pensado que la
primaria es una de las etapas escolares más divertida, de mayor aprendizaje, más
importante en la formación de un niño, pero también la más
cruel.
En esos años, sobre todo
los primeros, es cuando los pequeños están más receptivos a cualquier
comentario, bueno o malo, sobre todo si viene de sus compañeros o de alguien a
quien aprecian o admiran, como los padres.
Algo con lo que nunca he
estado de acuerdo es con los regaños públicos y, a mi parecer, algunas
profesoras en ocasiones confunden su rol y se sienten con derecho de ridiculizar
al alumno frente al grupo. Lo mismo sucede con algunas mamás y, aunque la
mayoría de las veces es inconsciente, igual lastiman y dañan la autoestima del
niño.
