Una de las grandes satisfacciones de ejercer el periodismo es tener la oportunidad de conocer, convivir y acercarte a personas, temas y grupos sociales distintos e interesantes, a gente con mucho qué decir y aportar, y, en ocasiones, poder ayudar a través de tus letras o palabras.Hace poco realicé una serie de entrevistas para un reportaje, de esas que te hacen valorar tu trabajo y confirmar que elegiste bien tu carrera profesional.
Nada más conmovedor y ningún ejemplo de vida y lucha constante mayor que ver a una niña de 3 años que pese a padecer cáncer regala una sonrisa a quien se acerque a saludarla, o el rostro de una madre que a pesar de las deficiencias económicas y preocupación por la salud de su hijo(a) agradece la ayuda que recibe, o ver a una señora de 96 años de edad dedicando la mitad de las horas de su día a clasificar objetos para recabar fondos y apoyar así a los enfermos, sin dinero de por medio. Ese es el tipo de personas que habitan el albergue de Casa de la Amistad, una institución que brinda ayuda integral a niños y jóvenes que padecen cáncer.
Caminar por sus pasillos, recorrer las instalaciones, todas pensadas en los enfermos; escuchar los testimonios, conversar con las voluntarias y staff que labora en la institución, así como ver el rostro de los chicos y adultos que por épocas ven en Casa de la Amistad un hogar es una gran lección de vida, un enfrentamiento con una realidad que en ocasiones nos negamos a ver o nos olvidamos de ella, una sacudida interna y un llamado a reordenar nuestras prioridades.