Es asombroso ver cómo la gente cambia con el paso de los años, y no me refiero únicamente a las huellas que deja el tiempo en el cuerpo.Contemplo a mi hijo de escasos 15 meses de vida y respiro su inocencia, esperanza, ilusión, pureza y bondad.
¿Cómo es posible que a veces nos transformamos tanto que ni nosotros mismos nos reconocemos? ¿Por qué perdemos esa inocencia con la que nacemos?
Algunas tardes de este mes tan loco me sentaba en el tapete únicamente a observar dos etapas de la vida, dos generaciones distintas.