Pues sí, a pesar de lo que muchos pudieran pensar por la intensidad con la que hemos vivido esta relación, fue hasta hace unos días que Luis y yo visitamos un Motel por primera vez.
El motivo no fue el mismo que lleva a una pareja de adolescentes caldufos, a un esposo infiel o a unos que se acaban de conocer en un bar y que se pasaron de copas. Nosotros tuvimos una razón mayor: falta de agua y luz.
Llegamos al departamento y nos encontramos con la sorpresa de que no había luz. Nuestra primera preocupación fue cómo meteríamos los coches a la cochera, pero rápidamente el poli solucionó el problema y nos cedió un lugar en la parte del estacionamiento que tiene una puerta que sí se podía abrir; nuestra siguiente incógnita fue cómo llegaríamos al sexto piso sin elevador.


